Un prehistórico evento en mi vida! Uga Uga.

Una vez más el pasado tocó mi vida, pero esta vez no aquel pasado de mi niñez, de mis padres ni mucho menos de mis abuelos. Esto va más allá, para los tiempos antes de la civilización, más allá siquiera de cuando se nos conocía como homo-sapiens, éramos simplemente homo-erectus, cuando andábamos sin ropa interior y nuestras partes estaban cubiertas por una mata de pelos (y no, no eran los años 60 y 70). Todavía las palabras y frases como “dude”, “la crema”, “melaza”, “corillo” y el andar en un carrito .8 tumbau y con ventanal no se usaban.

Les hablo de la edad de piedra, en la cual cazábamos por instinto, para poder alimentarnos, y en la cual por razones de facilitar la caza nos comenzamos a juntar en grupos. Luego al traer nuestra presa encendíamos una fogata y compartíamos con lo temas de huuun hun, uga uga. Ahí cuando comenzamos a socializar; ¿a qué se les parece? Era en esos momentos en los que el id y el ego de Freud regían nuestras vidas, el superego ni siquiera se asomaba por ahí. Actuábamos por reflejos, gritábamos, y tirábamos piedras.

Resulta que este pasado 25 de diciembre de 2010 el id tocó a mi puerta, o mejor dicho a mi cama porque me despertó, y el ego condujo a mi peludo cuerpo a la montaña en dónde otros integrantes de mi especie me esperaban con objetos filosos. Este día era cundo yo perdería mi virginidad, y así por instinto y por presión grupal, y luego de varios tragos de un agua primitiva que en estas áreas se acostumbra a crear (creo que el nombre primitivo es caña); me dirigí con daga en mano en busca de una bestia y en una camada de los de su especie la encontré. Aquí fue cuando uno de mis similares la atrapó y como por cuestión de inercia mis otros compañeros comenzaron a gritar: uuuuuh, coño dale, uuuugaaaaa, carjo matalo ya, quiero cellllldooooo y luego de haber puesto la bestia sobre una mesa le dí lo que se suponía fuera su puñalada final… y yo pensaba que así fue.

Luego de unos segundos los gritos de delirio y desesperación por parte de la bestia comenzaron a sentirse pues esta no había muerto. Resulta que dentro de mi primitiva falta de conocimiento y nerviosismo de virginidad no penetré donde era debido y terminé traspasándole los riñones y las costillas. Alguien con más experiencia terminó el trabajo. Se rieron de mi y aún me vacilan, pero cuando les cociné aquel cadáver de puerco el silencio reinó nuestro primitivo mundo.

Una vez satisfecha mi tribu, comenzó la música al ritmo de palos y raros cubos con tapas de piel de vaca. Nos juntamos y bailamos, calentando nuestros cuerpos con aquella agua con sabor raro. Algunos me preguntaron, “¿Uuu uu u uga ag?” (Traducción: ¿No te sientes mal por haber matado al lechón?). A lo cual yo contesté con palabras primitivas pero un poco más elocuentes, “Un carajo. Es más ahora quiero un cabrito”.

Fue un día especial, lleno de gente similar y comida para todos, y aunque no era la prehistoria de verdad, así se sintió ya que como mencioné antes, así fue que comenzamos a reunirnos en grupos. Por otra parte, el hecho de que no haya matado a aquella bestia del todo, se sintió como tal. Sentí el poder y el control de la creación pues hice que aquella bestia apestosa y llena de lodo se convirtiera en puro placer para mis amigos y familiares. Ye quiero que vengan las próximas navidades!

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